Brutalidad, por Eduardo Jara

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Cristóbal, no quiero que sufras. Tú puedes hacer que esto termine de una vez. Sólo tienes que cooperar; sabes que no me gusta provocarte dolor. Quiero que seamos amigos. Por supuesto, entiendo que te cueste creerme, ya que tú estás desnudo amarrado en ese catre con electrodos por todo el cuerpo y yo tengo el control eléctrico en mis manos. Pero no es primer día que me toca atenderte; ya nos hemos visto por más de una semana. He aprendido a estimarte, Cristóbal. Quiero que vuelvas con tu familia y tus hijas. Yo también soy un hombre de familia con esposa e hijos, si cooperas, pronto podrás volver a abrazarlos, en cambio si no me ayudas a ayudarte, no podré hacer nada más por ti… te transferirán al «Gringo». Quizás hayas escuchado que le dicen «El Rubio Ángel de la Muerte». El amigo junto al que te capturamos no tuvo tu suerte ¿Escuchas esos gritos desgarradores que vienen de unas habitaciones más allá? Es el gringo trabajando con él. Yo sé que tú no eres dirigente de tu partido como sí lo es tu amigo. Sabemos que él te llevó a inscribirte en el Frente Amplio; sabemos que él fue uno de los que coordinó las quemas de las estaciones de metro. Tú eres inocente; no lo sabías; tú creíste que luchabas por la justicia y la libertad. En mi juventud yo creía lo mismo que tú, hasta que me di cuenta que los políticos, que se suponía que defenderían al pueblo, nos traicionaron, no legislaron mirando al pueblo, legislaron  mirando sus cuentas bancarias… Sí, Cristóbal, yo era como tú, hasta que abrí los ojos, ¡Por favor, no te distraigas con esos desgarradores gritos! Seguramente el Gringo con un alicate le está sacando los dientes; ya te dije que el Gringo y yo somos diferentes. Él no sabe de amor al prójimo; es un hombre solo; no tiene familia. El Gringo goza produciendo dolor en nuestros «clientes», ni siquiera les hace preguntas; en cambio, yo te trato con dignidad, mientras el gringo te ve solo como una cucaracha que hay que exterminar. Yo, en cambio, te veo como una persona con sentimientos, con un posible futuro por delante. Para ello es que necesito que hagas algo sencillo: que me des unos nombres, que me indiques algunos lugares y horarios. No es que no los sepamos, es sólo que por protocolo, necesitamos corroborar la información que otros de tus compañeros ya nos han dado… No te sorprendas: casi todos han hablado como cacatúas con mucho menos de lo que has aguantado tú. Los que no han querido hablar, pasaron por el gringo primero y si no hablaron ahí, terminaron haciendo el vuelo del “Guatón Romo”. ¿Sabes cuál es ese?, el cuerpo del desdichado — esté vivo o muerto— ya no se lanza al mar, sino a un volcán, así nunca aparecerán los cuerpos. Y sin cuerpo, no hay delito. Por supuesto que lo último que quiero que te suceda sea eso. Sólo quiero que me ayudes con lo poco que te pregunto y sobrevivirás para ver a tus hijos crecer, ¿no querrás dejarlos huérfanos verdad?, ¿te imaginas a tu mujer viuda?, ¿quién la protegerá?… Dios no quiera que el gringo vaya por ella. Habrás escuchado que hace cosas terribles a las mujeres que caen en sus manos… Pues bien, los rumores son ciertos. El rubio tiene animales entrenados para hacer cosas horribles, ¡cosas que yo nunca haría!, cosas con perros, cosas con ratas… Es horrible, ya lo sé. No es una amenaza, no te alteres. Sólo es una advertencia de lo que puede pasar en estos tiempos oscuros. Si haces lo correcto, estarás protegiéndolos a ella y a tus hijos con algo tan pequeño y tan simple; no te resistas. Además, no les debes nada a los de tu partido; tus compañeros ya te traicionaron. ¿Cómo crees que supimos de ti y de tu amigo?, ¡vamos!, ya cumpliste con tu honor. Ya no vale la pena seguir resistiendo; fuiste solo un peón en el gran juego de los políticos; te mintieron; eres una buena persona y les creíste; fuiste ingenuo, pero yo estoy dispuesto a perdonarte. ¡Confía en mí! Dime los nombres; sólo confirma lo que ya sabemos; ya no tienes que sufrir más dolor; has sido valiente; eres un guerrero. Piensa en tu familia. Yo soy como tú; todo lo hago por mi familia, por la paz y la patria, igual que tú. La diferencia es que tú fuiste mal aconsejado; te traicionaron los de tu bando; te abandonaron. ¡Pero tuviste suerte!, te tocó ser atendido por mí, yo te ofrezco la salida, la libertad, la vida, el futuro con los tuyos, ¡Vamos! dime los nombres que quiero escuchar…..bien, sigue….. ¿El apellido es con c o con s?… Bien, ¡te felicito!, estás cooperando, lo estás haciendo muy bien, sigue por favor, ¿dónde se juntan?… Entiendo, ya lo anoté… No te pongas triste; hiciste lo correcto. No llores por favor. Déjame secarte las lágrimas. Siéntete orgulloso de proteger a tus seres queridos; no olvides que nuestro deber de hombre es proteger a la familia. Has cumplido con tu deber, querido Cristóbal; ahora te llevaremos a tu celda para que comas algo, descanses y te recuperes. No me guardes rencor por el tratamiento que tuve que darte estos días; simplemente es un protocolo estándar. Es cierto que otros se exceden y se ponen cruelmente creativos, pero yo no ¡Yo sigo las reglas!, no lo hago por gusto, sino por deber a la patria y amor a mi familia. En un par de días te llevaremos a tu casa, y cuando estés frente a tu mujer abrázala, bésala y le dirás lo mismo que le diré a la mía esta noche: «Querida, te amo, y todo lo que he hecho, lo hice por mi familia y por la patria«. Ahora ve y descansa en tu celda, que yo me tengo que quedar a preparar la habitación para otro «huésped».

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