Relato Breve «Fotografía», Jorge Fernández (Taller On Line Creación Narrativa)

Fotografía

Jorge Fernández

Santiago (Chile)

Relatos Taller Creación Narrativa

Joaquín jamás pensó que asistirían tantas personas al evento. Era primera vez que realizaba una exposición de sus fotografías y siendo sincero, jamás creyó que podría llenarse la galería de arte.

Un joven se le acercó con una bandeja y le ofreció champaña. Él accedió y tomó una de las copas. Su nerviosismo era evidente ya que su mano temblaba. Bebió un sorbo para tranquilizarse en el preciso momento en que Diana, su novia, se acercaba.

—Amor, estoy fascinada con tu trabajo —señaló ella y lo besó en la mejilla—. Ahora entiendo por qué nunca quisiste mostrarme las fotografías. Querías sorprenderme.

—¿De verdad te gustan?

—Sí, amor. Están increíbles, pero para serte franca, no entiendo por qué pusiste esta de la luna. No es tu mejor trabajo.

Joaquín sonrió un momento y volvió a beber de su copa.

—Le tengo un cariño especial. Fue la primera imagen que tomé de la luna llena. Se podría decir que con ella me inicié en la fotografía.

Joaquín no pudo evitar que los recuerdos invadieran su mente. Era cierto que se había iniciado en la fotografía con aquella imagen de la luna, pero no era solo eso en lo que se había iniciado.

Jamás olvidaría aquella noche. Varios años atrás. Pronto cumpliría la mayoría de edad y se sentía profundamente enamorado de su vecina, Elena. La admiraba, la deseaba. Ella era cinco años mayor y se conocían desde hace meses. Siempre conversaban de distintos temas, pero principalmente de las fotografías que Elena tomaba ya que se encontraba estudiando en un instituto. Se sentaban en el antejardín de su casa y ella le mostraba las últimas imágenes que había logrado captar con su cámara. Incluso a veces se la prestaba para que Joaquín la fuera conociendo y así poco a poco le iba enseñando algunos trucos.

Elena se convirtió en su maestra. Fue así como Joaquín fue aprendiendo de términos que no conocía, como: obturador, diafragma, exposición, gran angular, entre muchos otros. Pero a él le fascinaba la fotografía nocturna. Había estado investigando en la web y así fue como se interiorizó sobre ella. No podía creer lo que se podía lograr capturando por ejemplo la vía láctea. Así fue como conversando sobre esto, una noche Elena la invitó a tomar fotografías de la luna en las afueras de la ciudad.

Llegaron a la orilla de un río en el Cajón del Maipo y él sentía que no daba más de la emoción, y sus razones eran dos: la primera tenía que ver con el poder aprender más de fotografía, la segunda era que estaba decidido a perder su virginidad esa misma noche con Elena. Sentía que había química entre ellos y pese a su nerviosismo, intentaría besarla y después ver qué pasaba.

Cuando llegaron al lugar, Elena fue sacando uno a uno todos los implementos. Joaquín la miraba con deseo. Observó atento cómo Elena armaba el trípode y luego montaba en él su cámara. En una fracción de segundo imaginó que la cámara era ella mientras que él asumía el papel de trípode. Se mordió los labios para contenerse de ir hacia ella y abrazarla desde atrás.

Elena dejó todo armado y le pidió que se acercara. Joaquín no estaba seguro de poder contenerse más. Caminó lento hacia ella y se puso a su lado.

—Dejé todo listo. —Elena se apartó de la cámara—. Mira y dime qué te parece.

Joaquín observó a través del visor y luego la miró a ella. Primero sus ojos, después sus labios, su cuerpo.

—Es maravillosa —dijo sin pensar. Al darse cuenta trató de salir del paso —. Heee… la luna por supuesto.

—¿Solo la luna?

Sin esperar una respuesta, Elena sonrió y con ambas manos tomó el rostro de Joaquín y lo giró lento hacia la cámara.

—Ya, concéntrate —dijo con humor—. Ahora presiona muy suave el disparador para que enfoque bien la imagen. Luego presionas fuerte.

Joaquín siguió las instrucciones y la imagen de la luna quedó plasmada en la pantalla de la cámara. Se sorprendió al verla, era su primera fotografía. Se lograban ver los detalles de algunos cráteres. Se había concentrado tanto en observar con detenimiento la imagen que no sintió cuando Elena se le acercó.

— Te quedó muy bien —le susurró al oído.

Esa fue la llama que lo encendió por completo. Giró hacia ella y la besó. Elena no intentó apartarlo, por el contrario también se dejó llevar por aquel beso lleno de deseo. Joaquín bajó sus labios al cuello con el que tantas veces había imaginado besar. Saboreó su piel suave, inhaló su aroma. La abrazó, la volvió a besar, otra vez recorrió su cuello y quiso bajar un poco más hasta que sintió el bulto con el que estaba presionándola. Se apartó un poco nervioso.

—¿Qué pasa?

—Es que… es que… soy virgen

Elena lo miró con ternura. Se acercó a él con una sonrisa en sus labios y volvió a besarlo.

—Tranquilo —le susurró—, me lo imaginaba. Déjate llevar, el resto lo hago yo.

Volvieron a besarse con más pasión. Joaquín se dejó llevar y sus manos comenzaron a moverse lentamente por debajo de su blusa, acariciándole la piel de su cintura. Su cuerpo entero se estremeció al sentir que la mano de Elena bajaba por sus jeans y llegaba a su entre pierna. Sus dedos se movieron con armonía mientras ahora ella besaba su cuello. En un instante Joaquín le quitó la chaqueta y desabotonó su blusa. Luego se la quitó y solo entonces descubrió que no llevaba nada más. Su manos acariciaron suavemente sus senos. Elena soltó un leve gemido, luego le desabrochó el cinturón y bajó sus pantalones. Lo tomó muy firme y comenzó a acariciar una y otra vez, moviendo su mano con lentitud en un comienzo y después con desesperación.

Segundos después se recostaron desnudos sobre las prendas de ropa. Ella sobre él. Mientras se movían, Joaquín sentía la humedad de Elena y un fuego interno abrazador. Ella lo sostenía muy firme entre sus piernas, moviéndose adelante y atrás, cada vez con más velocidad.  A ratos su movimiento variaba arriba y abajo. Ambos dejaban escapar sus gemidos casi fuera de control. Joaquín comenzó a sentir un temblor en su cuerpo que fue centrándose solo en un punto, y por primera vez experimentó la exquisita sensación de dejarse vencer dentro de una mujer. Al instante las caderas de Elena también temblaron mientras ella dejaba escapar un gran gemido enorme de placer. Así quedaron convertidos en uno solo, tratando de calmar su respiración.

—Oye, para mí que no me has contado toda la historia de aquella fotografía.

Joaquín volvió de su recuerdo. Diana lo miraba con sonrisa burlona y el ceño fruncido.

—Tranquila. No hay nada más que contar.

En ese momento el organizador del evento se acercó a la pareja y le dio una palmada en la espalda a Joaquín.

—Quien lo creería —señaló—. Acabas de vender tu primera fotografía.

—¿En serio?

—Claro que sí. Esta de la luna. La compró aquella mujer en el rincón.

Joaquín, miró hacia aquel punto y con una mezcla de nerviosismo y felicidad, vio que Elena le sonreía mientras alzaba una copa de champaña.

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