Relato Breve «La promesa», Jorge Fernández (Taller On Line Creación Narrativa)

La promesa

Jorge Fernández

Santiago

Relatos Taller Creación Narrativa

He decidido escribir esto porque me queda poco tiempo. Luego de haber recibido aquella llamada, sentí la necesidad de escribir a la rápida lo que me trajo a esta situación en la que me encuentro ahora, porque me he convencido de que debe quedar registro. Sólo espero que quien encuentre estas hojas se apiade de la historia que estoy contando y la muestre al mundo como evidencia de que estas cosas pasan.

La historia guarda relación con mi hermana Clara. Y todo comenzó cuando ella tenía trece de edad y yo quince. Recuerdo todo con mucha claridad. Vivíamos en el campo y aquel día yo tomaba sol en una banca apostada en el patio trasero de nuestra casa. Clara se acercó a mí y con una sonrisa misteriosa me habló.

-Quiero contarte un secreto-, me dijo casi susurrando.

Yo accedí, así que me señaló que días antes, conversado con nuestro tío Gustavo, habían hecho una promesa: «El primero en morir, vendrá a buscar al otro». Si tan sólo no me hubiese reído a carcajadas en ese momento, quizás las cosas habrían ocurrido de otra forma (o tal vez ni siquiera hubiesen ocurrido), pero ya no tengo forma de reparar eso. En aquel instante lo encontré todo como una gran humorada. Ella también rio porque tampoco había tomado en serio aquella «promesa». Sólo había sido un juego. Después de esa revelación seguimos conversando de muchas otras cosas y todo pasó al olvido. Sin embargo unos meses después, nuestro tío falleció…

El tío Gustavo trabajaba en una mina en el norte del país. Y un desprendimiento de tierra lo sepultó vivo junto a otros dos compañeros. Las labores de rescate de los cuerpos duraron todo el día y sólo ya entrada la noche pudieron sacarlos (pero de esto nos enteraríamos varios días después). Lo importante de contarlo es porque el día del accidente de mi tío, Clara comenzó a sentirse muy muy mal Cayó en cama y esa misma noche en que el cuerpo de mi tío era rescatado, yo experimenté la situación más angustiante de mi vida.

Eran casi las doce de la noche. Yo leía un libro mientras acompañaba a mi hermana en su habitación. Siempre me había gustado leer, hasta hoy lo hago y en ese momento creo que leía algo de Lovecraft (no estoy segura, ahora que intento hacer memoria de eso).

El sólo recordar cómo inició todo me eriza los pelos. De hecho ahora, mi garganta se ha secado mientras escribo esto. Además, por alguna razón mi habitación se ha vuelto demasiado fría. No sé por qué comento esto, estoy divagando, perdiendo tiempo, mejor vuelvo a lo que estaba escribiendo…

Estando en la habitación aquella vez con Clara, me di cuenta de que ella balbuceaba, así que me acerqué para poder entender lo que intentaba decir. Puse mis oídos muy cerca de sus labios. Al instante sentí que un sudor frío recorría mi espalda como si un cubo de hielo se deslizara por ella. Clara acababa de pronunciar el nombre de mi tío: Gustavo. Sonaba como si lo estuviera llamando en susurros y entonces recordé la promesa de meses atrás. Me aparté de la cama con el corazón latiendo a mil, choqué con la silla y mi libro cayó al suelo. El golpe me hizo saltar.

Los pasos que oí tras la puerta de la habitación me hicieron llevarme la mano al pecho, como si aquello fuera a reconfortarme. Una esperanza, una chispa de ella para calmarme. Por un momento estuve convencida de que se trataba de mi madre, pero al abrirse y ver que no había nadie allí, comencé a rezar.

Clara abrió los ojos y sonrió, ¡miraba a alguien que yo no podía ver! Mi hermanita, mi pobre hermanita estaba delirando. Se enderezó en la cama para quedar sentada y levantó una mano. “Tío has venido por mí”. Juro que eso fue lo que dijo, no era imaginación mía. Yo lo oí muy bien, fuerte y claro. Di unos pasos rápidos hacia la cama y me abalancé sobre ella. Bajé su mano y con lágrimas en los ojos supliqué a mi tío que no se la llevara. Abracé a Clara y le pedí que no se fuera. Le dije que si se quedaba conmigo nos haríamos siempre compañía, que yo jamás la abandonaría y sin darme cuenta entonces, le prometí que si alguna de las dos moría primero, vendría por la otra. Después de decir esto, la puerta se cerró de golpe. Clara comenzó a pestañear y reaccionó. Al mirarme sonrió y me abrazó con fuerza…

Han pasado casi veinte años desde que nos ocurrió todo esto y hace media hora atrás he recibido una llamada telefónica. Me han avisado desde el hospital que mi hermanita Clara ha fallecido. Tenía cáncer y si bien batalló durante un tiempo, su cuerpo se ha rendido justo en el momento en que no estoy con ella. Justo en el momento en que me he arrancado a mi casa, para darme una ducha. Luego de aquella llamada me he puesto muy mal. Me duele todo, me siento débil y sin ganas de nada. He subido al segundo piso para escribir esto porque entiendo lo que ocurrirá. Al menos lo he terminado, eso es bueno, porque ya siento los pasos tras la puerta de mi habitación…

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