Relato Breve «La última estufa», Ramiro Oliveros (Taller On Line Creación Narrativa)

La última estufa

Ramiro Oliveros

Santiago

Relatos Taller Creación Narrativa

Las llamas ya no dejan claro qué es lo uno y qué es lo otro.

El homeless que llegó a hurgar en la basura me increpó con violencia por estar quemando, en la rivera del Mapocho, un tesoro a su parecer.  Lo que no sabe es que esto lo hago por salud mental y salud colectiva.

En el living de mi casa, en la pared del fondo, ocupando un lugar de privilegio y ostentación, hay un cuadro de “La Ultima Cena”.  No es “La Ultima Cena” universalmente conocida, no; sino una representación gráfica del artista italiano Renato Casaro, de la habitual estancia donde Jesús anunció quién lo traicionaría. Pero en esta versión el lugar del mesías lo ocupa Marilyn Monroe, acompañada a su derecha por Humphrey Bogart, James Dean, Fred Astaire y Marlon Brando, y a su izquierda por Clark Gable, Elvis Presley, Robert Mitchum y Chaplin, entre otros.

No recuerdo bien cuándo y cómo llego a mi casa, pero ha estado ahí desde el primer día.  No así, la estufa.

La estufa no fue idea mía, que conste.  La Lucre la compró una tarde de invierno por Internet, pese a que ambos somos amantes del frío.  Mala fue la idea de no insistir en llevársela cuando se fue. Nunca me gustó. Además, debajo de “La Ultima Cena”, único lugar donde podía ubicarla, desentona totalmente con la decoración minimalista que en base a cuotas aun impagas me esfuerzo en mantener.

La primera vez pensé que era problema de la sujeción a la pared. Las siguientes me hicieron notar que cada vez que el cuadro llegaba al suelo o aparecía misteriosamente junto a la estufa, coincidía en días de mucho frío en los que, por extrañas circunstancias, la había encendido.  Después ni siquiera este precedente importaba. Día a día “La Ultima Cena” aparecía sobre la estufa, al lado de ella, tras ella, hasta bajo ella, generando ya mi preocupación por alguna manifestación paranormal que pudiese significar.  Decidí deshacerme de la estufa, del cuadro, de ambos, pero justo entonces Lucrecia me avisó que quería venir por ella y la Lucre, por el contrario, la quería recuperar.

La mañana del día en que mi ex mujer vendría por la estufa, fue la gota que rebalsó el vaso. El cuadro estaba en el suelo, mostrando su parte trasera hacia arriba, y de la estufa no había señales. ¿Qué había pasado con el bendito aparato? De algo estaba seguro: aún no la botaba y tampoco se la entregaba a mi ex.  Tomé el cuadro para dejarlo de nuevo en la pared cuando, de repente, la imagen frente a mis ojos me aterró. En el lugar de Robert Mitchum estaba la estufa encendida y a sus lados Clark Gable y Chaplin se calentaban las manos cruzando sus miradas de manera cómplice. No me preocupé de entender cómo el trasto había llegado a ser parte del cuadro, menos me intrigaba qué había sido de Robert Mitchum. Hasta capaz que haya estado oculto tras la estufa.

Tomé el cuadro y lo llevé a mi auto. No había posibilidad de que lo dejara así sin más en la basura. Nadie debía decidir tomarlo y llevarlo a otro hogar. Tomé un frasco de diluyente que tenía en el garaje y los fósforos de la cocina. Subí al auto y me dirigí al río Mapocho, que en este sector de la ciudad es caudaloso y goza de gran verdor alrededor.

Mientras conducía escuchaba por la radio un especial de Elvis:

It´s now or never

Come hold me tigh

Kiss me my Darling

Be mine tonigh!!

Al llegar a la orilla descendí del auto y quise bajar el cuadro, pero ya no estaba ahí. Era la estufa la que esperaba ser descargada. No me hice preguntas. La tomé sin cuidado, la puse en medio de un montón de basura, la rocié con todo el diluyente y le prendí fuego.  Las brasas cubrieron el trasto sin dudar.

-¿Amigo, qué está haciendo? ¿Con este frío quemar la estufita? ¡Por Dios, no sea así, piense en que alguien podría necesitarla! -, me increpó un vagabundo que a metros tenía armada su carpa.

Lo miré sin mirarlo y tomé mi teléfono que comenzaba a vibrar. Era Lucrecia.

-¡Hola! Aún tenía llaves. Me aburrí de esperarte. Me llevo la estufa. ¡Ah y colgué el cuadro de “La Ultima Cena”! Se había caído de la pared.

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