Misterios Capilares, por Francisco Trombert

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Todavía me llama la atención cómo sale el gel por el pequeño orificio de la tapa, es extraño, parece un fideo grueso, es como la pasta de dientes sobre el cepillo, así perfectamente cilíndrica como en los comerciales de la tele, pero transparente y de tono anaranjado en este caso, no se desarma al salir, queda con esa forma hasta que uno lo frota en las manos o directamente en el pelo. Pero por más que esto me resulte gracioso o llamativo no es lo que de verdad me intriga, sino que es la fragancia lo que me causa ese profundo estupor y desconcierto cada vez que entro a la ducha y me lavo el pelo. Me recuerda a alguien, pero no sé a quién, es una mujer, y es crespa, lo sé, lo intuyo, pero no logro definirle el rostro, es un aroma agradable, definitivamente sexy. ¿Quién eres? Le pregunto, y mi memoria no sabe qué responder hasta que se satura de tanto respirar sobre el envase.

Suele pasarme en distintos lugares, eso de querer saber a qué me remite lo que percibo con el olfato. Ahora mismo durante el corto trayecto de una cuadra soy capaz de percibir distintos olores en las gentes que pasan por el lado mío, perfumes o aromas que parecieran determinar los lugares donde estuvieron antes. Voy ahora al lado de un tipo que de seguro viene del campo, el olor al pasto húmedo en los zapatos entre otros propios de allí que no se describir se sienten, aunque los jeans y la cortapluma en el cinturón de cuero blanco ya lo hacen evidente. El otro señor que sale del cajero del banco y se cruza por delante para atravesar la calle no sé en realidad de dónde viene, pero pareciera que se hubiese roseado el desodorante completo después de la ducha, quizá venga de un motel, o trabajara part-time sólo en la mañana, o simplemente se haya levantado tarde, son las 2pm, es como un puñetazo en la cara. Más allá las mujeres que venden productos en la calle, la mayoría mapuche, o con los atuendos respectivos, siempre son un placer en los días de lluvia, pero sobre todo después, apenas se asoma un poco el sol es cuando estos olores sobresalen, y la albahaca es mi predilecta, me retrotrae a los veranos de la infancia en casa de mi abuela. Entremedio del trafago que corre por la cuadra siento una brisa con el olor del shampoo que compré y que no sé a quién me recuerda, busco con la mirada, e inhalo un poco más fuerte para saber de dónde proviene, más adelante veo un cabello largo y crespo, pienso que es ella, la mujer que conozco, pero no sé quién es, ¿será la chica que conocí en ese bar? ¿o esa otra chica de la discoteque con quien nos dimos el número? O ¿será quizá la polola de mi amigo con quien conversábamos en esa fiesta?

No logro distinguirla, -trataré de acercarme- alcanzo a decirme antes de dar unas zancadas más largas para pasar entre la gente. Veo que acelera el paso, parece que va apurada, y trata de llegar al verde en la esquina para cruzar. La cantidad de gente aglomerada no la deja ir más rápido, pero baja a la calle y avanza algunos cuerpos antes de volver a la vereda, hago lo mismo. Si cruza en la esquina antes que yo la pierdo, no revelo el misterio y la historia se llenaría de más dudas, necesito descartar algunas opciones, porque no la reconozco aún, al menos de espalda. La chica se me adelanta, doy pasos más largos, incluso avanzo con un trotecillo disimulado mientras puedo. Se está acercando al semáforo, lo va a cruzar, pero un auto ruidoso se adelanta y dobla un poco antes que den el verde; la crespa se detiene a esperar el próximo verde, suerte para mí. Llego tranquilamente a la esquina, me pongo al lado de ella, mi olfato no se equivocaba, era el mismo olor, la frondosidad de su pelo es como que estuviera vivo, expele el perfume, siento una profunda calma, la miro estando ya a su lado, pero no la reconozco, ella me mira amable, con seguridad no nos hemos visto nunca antes, me provoca hablarle, pero siento que no estoy preparado, además, de qué le iba a hablar, decirle: te seguí por una cuadra porque te confundí con otra persona que ocupa el mismo shampoo que usaste hoy, entonces lo sentí y salí detrás tuyo-. De seguro habría parecido un loco, así que la veo pasar mientras me quedo en este lado de la vereda, me llegan unos empujones de la gente que pasa al lado mío, nadie se entera de mi decepción.

Insisto en mi memoria, intento resolverlo, que se me venga a la mente quién es, con quién fue que estuve y ocupaba en su pelo esta fragancia. Tengo algunas opciones, pero a veces no calza tan fácil la imagen con el olor, van por carriles distintos. Quizá fuera la mujer de siempre, la que persigo en sueños, pero que nunca le veo el rostro, y que no existe en otro lugar más que allí. Me enjabono bien, me dejo 5 minutos el shampoo en el cuero cabelludo como dijo la señora de la farmacia para que accionen las vitaminas, entonces enjuago y dejo que el agua corra y se lleve todo esto que tengo sobre mi cabeza.

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