Septiembre patriótico, por Ramiro Oliveros

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La mochila llevaba algo más de cinco minutos sobre una de las mesas del patio de comidas del Costanera Center.  Un joven universitario la reportó a uno de los guardias de seguridad, quien no dudó en pedir refuerzos y neutralizarla ante la eventualidad de un artefacto explosivo.  En las afueras del recinto comercial, vehículos policiales de la unidad antiterrorista de la Policía Federal Civil se estacionaron en las entradas, comandos de oficiales descendían raudos y entraban al edificio.  Por los altoparlantes del patio de comidas, una voz femenina y dulce llamaba a desalojar las instalaciones siguiendo la línea demarcada y manteniendo la distancia a la que ya nos habíamos acostumbrado. El guardia hacía vigía al misterioso bolso con tranquilidad.  Estaba seguro que sería otra falsa alarma, broma de algún youtuber ganando likes.

Dos grupos de ocho policías ingresaron corriendo por las escaleras mecánicas al patio de comidas, el universitario que dio el aviso fue golpeado por uno de ellos y cayó al suelo, otro policía pasó en medio de una familia y derribó al padre que, sin entender nada, alegaba desde el suelo sentado en medio de hamburguesas, papas fritas, bebidas derramadas y helados.  ¡Aléjense de eso! —gritaron los policías al guardia que en ese momento se percató del humo que escapaba por las costuras del bolso. Un helicóptero se escuchó sobrevolar la cúpula de cristal del mall. Deseó tener más tiempo, definitivamente no era una falsa alarma.

El bolso se quemó y de él un cilindro metálico se elevó un metro por sobre las cabezas de los uniformados que, atónitos, observaron al artefacto girar en su propio eje, entre humo y un fulgor rojo pálido.  Después vino el olor, ¿era combustible?, el aire se esfumó tragado por el artefacto y fue devuelto convertido en una bola de fuego que hizo suyo todo a su alrededor.

El teniente de la Unidad de Fiscalía de la Policía Federal Civil, Ronald García, observaba con detenimiento en la pantalla holográfica, desplegada desde su I-pen 4, el correo electrónico anónimo recibido esa mañana.  El remitente era el mismo de los mensajes anteriores, “El Observador”.  Era la tarde del 14 de agosto del 2034, comenzaba a atardecer y tímidas nubes se asomaban desde la costa. García había recibido diferentes documentos confidenciales que hablaban de una sociedad secreta dentro de las filas del Ejército que estaba supuestamente detrás del intento de atentado en el aeropuerto Gabriela Mistral, la explosión del patio de comidas del Costanera Center, que cobró la vida a un centenar de personas, y los diversos ataques menores a lo largo de los estados federales de la nación, que tenían a la población civil sumida en la inseguridad y paranoia.  Sin embargo, lo que más interesaba y a la vez aterraba al joven teniente, era la posible traición a la patria que significaba la participación de las fuerzas armadas en los movimientos independentistas en los estados federales de Rapa Nui y Magallanes.

García necesitaba ayuda, esto era mucho para él.  Pero sabía perfectamente a quién recurrir.

—¿Aló Helga?

—¿Ronald? —respondió al otro lado de la línea una voz femenina, ronca y decidida —Sí, soy yo, disculpa que te llame sin previo aviso, pero es importante.

—¿Importante? Llamas después de nueve meses precisamente, ¿y ahora para ti es importante? ¡No estuviste cuando más te necesite!

—Helga, sé que tenemos temas pendientes y que fui un perfecto idiota contigo, pero necesito de tí, sólo tú me puedes ayudar en esto, es grande, sólo no puedo.

—Ronald, no necesito que me metas en tus asuntos, ¿has tomado tus medicinas?, ¿estás yendo a tus sesiones?, sé que lo que te tocó vivir fue fuerte, pero yo soy nadie para ayudarte.

—No Helga, espera, esto no tiene que ver con la matanza de Hanga Roa, déjame que te explique.

—¡Maldición Ronald! No sé por qué me hago esto ¡Vamos, dime!

—Esto no lo podemos dejar pasar, sería traicionarnos a nosotros mismos, faltar al juramento que hicimos al graduarnos como la primera generación de la Policía Federal.

—Ronald, mira yo….

—Espera —interrumpió García —En la Academia más de una vez conversamos sobre el devolver a la gente la confianza en la policía, en borrar los abusos de las décadas pasadas, los desfalcos, la militarización en la Araucanía.

Algo detuvo a Helga de colgar. Pese a que no quería involucrarse más en los asuntos de Ronald algo en su interior le hacía permanecer ahí, frente a la pantalla, escuchándolo.

—Compartíamos este deseo de que el nuevo cuerpo policial fuera una sangre y alma nueva. No solo un cambio de color y emblema, sino un cambio de aura, que la población lo sintiera así y sabes que costó. Fueron años para que la gente volviera a creer en la policía y ahora no podemos dejar que se nos acuse de no hacer nada—culminó García.

—¿De que estás hablando?, ¡te juro que si es otra de tus presunciones no atenderé más tus llamados!

—¡Espera Helga!, ¿Recuerdas hace unas semanas cuando recibiste unos correos de un tal “Observador”? Lo reportaste en la fiscalía.

—Sí, claro, debía hacerlo, es parte del protocolo.

—¿Pero no encontraste nada sospechoso en ese mensaje?, ¿algún dato que te llamara la atención?

—¡Por favor!, sólo era un lunático, lo bloqueé con un eyeware que le envié por la cámara a su equipo, su retina quedó bloqueada para siempre a la entrada de los canales virtuales de mis dispositivos. Además de la conjuntivitis del demonio que tiene que haberse llevado — comentó con orgullo—¿Te está mandando correos?, ¿Te envío el virus?

—¡No, Helga, espera, creo que debiéramos prestar atención a su información!

—¡Ronald, por favor!, creo que colgaré, pierdes tu tiempo, sólo es otro ñoño de los noventa buscando diversión en sus cincuenta.

—Revisa tu bandeja de entrada Helga, te acabo de enviar algo, la envié con control de bloqueo viral.

Helga sopló suavemente la pantalla táctil de su neurophone, la imagen holográfica se desplegó frente a sus ojos.  Documentos de reuniones secretas; audios de conversaciones entre generales del Ejército y líderes separatistas pascuenses y magallánicos; planificación de atentados a centros civiles, en diferentes estados federales del país, con la autoría de grupos separatistas; fotografías de altos mandos militares y de autoridades federales cercanas a la rama castrense más una serie de videos donde se mostraban detallados planes para desestabilizar la creciente nación federal, en pos de potenciar los estados federales independentistas.

Todo como parte de un complejo rompecabezas de oscuridad que pretendía culminar con la separación de estos dos estados para luego, con la sociedad sumida en la inseguridad, tomar el control bajo un golpe de estado, y posteriormente recuperar las nacientes naciones de Rapa Nui y Magallanes por las armas.

Helga tomó aire, un sorbo largo de agua y acomodó sus anteojos, pese a que los implantes y mejora de retina eran ya baratos y habituales, le gustaba como se le veían los accesorios oculares.  Volvió a respirar hondo y exhaló sobre el neurophone para desconectar las aplicaciones holográficas.

—Está bien Ronald, te ayudaré, investigaremos esto hasta la medula, llevaré estos antecedentes ante el fiscal directamente para que el accionar de la investigación sea rápido, aunque tú sabes que no será fácil. Esta sociedad secreta está compuesta por los herederos del régimen del ´73.

—Gracias Helga, veámonos mañana en el café frente a la plaza Dignidad, tengo que darte las gracias en persona, es lo menos que puedo hacer.

El teniente García se recostó en el sillón de su escritorio, tomó su agenda y observó una vieja foto de hace algunos años, “14 de febrero, 2029”, leyó al pie.  Helga se veía dichosa y jovial, él también. Eran otros tiempos, se estaban viendo los frutos de la nueva Constitución y al fin parecía que la sociedad comenzaba a colorearse de igualdad. Era el primer verano sin mascarillas en casi una década. Aun pensábamos que no volveríamos a necesitarlas.

Fue al bar y se sirvió un Sandy MacDonald, no era el mejor de los whisky, pero era el que había tomado su padre, y antes de él su abuelo y así sucesivamente. Aguantó el ardor en la garganta y se preguntó si valdría la pena intentarlo otra vez con Helga, si es que ella estaba dispuesta a perdonarlo.

El pequeño café estaba justo al lado del viejo teatro de la Universidad de Chile, frente a la Plaza Dignidad.  Con sus sillas mirando hacia la calle, al más puro estilo parisino, su vista apuntaba directamente al hermoso monumento que había reemplazado al General Baquedano, el 18 de Octubre de 2029, en la conmemoración del décimo aniversario del “Despertar de Chile”, como se le bautizó románticamente al estallido social que vivió el país en 2019.

Ronald llegó poco antes de la hora acordada, de pronto, de las escaleras de la estación Dignidad, la vio salir. Notó que aun sus sentidos se estremecían al verla. Helga se sentó a su lado con seriedad, lo saludó con solemnidad.

—Hola Ronald, ¿Cómo estás?

—Hola Helga, bien, gracias, ¡luces muy bien! Te pedí un latte, ¿aun te gusta?

—Gracias, dejé el café, pero está bien, mira, no lo tomes a mal, tengo otros compromisos, vamos al grano.

—Gracias, muchas gracias—dijo Ronald tomándole las manos.

—De nada, está bien, tú habrías hecho lo mismo—respondió Helga soltando las manos de Ronald—¿para qué me citaste?

—Te cité porque hay un documento que tengo impreso y que debo entregártelo en mano, es creo, la prueba fehaciente que necesita el Presidente Alessandri para mejorar su imagen y terminar con la ola de atentados que tiene a la sociedad sumida en la desprotección—dijo García mientras llegaba el mesero y servía el latte y un espresso doble.

Abrió su ajado maletín de cuero y sacó un documento de papel de un par de hojas, lo extendió a Helga quien a su vez extendió su mano para tomarlo.  García interrumpió el momento.

—Los demás documentos, ¿Ya los entregaste?

—Sí, esta mañana, el fiscal se notó muy interesado, tengo que verme con él ahora a las 10:00 am.

—OK, muy bien, procura darle este documento también, acá está lo que sería el motivo que llevó al ejército a atentar contra la ciudadanía. Una vez más.

Entregó el documento a Helga quien lo extendió frente a sí y leyó lentamente.  Ronald García tomo un sorbo de su espresso y observó la estatua de la Plaza Dignidad, ese monumento de muchos cuerpos y manos extendidos hacia el cielo flameando diversas banderas en señal de unión de los pueblos.  Abajo, a nivel de tierra, turistas inmortalizaban la estatua y las alfombras de dalias que las adornaban.

Helga leyó y no comprendía lo que leía, o, mejor dicho, no quería comprenderlo.  En el documento generales en retiro y otros en función explicaban detalladamente las acciones de “Patriam, Ordo et Securitas”, la sociedad secreta fundada en las entrañas del sequito castrense.  Su brazo armado beligerante era el responsable de la matanza de Hanga Roa, conflicto donde separatistas Rapa Nui se enfrentaron a militares chilenos que exigían la apertura del aeropuerto Mataveri, suceso similar, pero de menor envergadura sucedió en la Patagonia con separatistas magallánicos.

En ambos casos la función de “Patriam, Ordo et Securitas” fue la de proveer de armamento a los movimientos separatistas y confabular con las autoridades federales en contra de la República de Chile, a la cual juraron proteger.  Otro de los planes era sembrar la inseguridad en la población civil de los diversos estados federales, mediante pequeños atentados a medios de locomoción, centros de diversión y dos de gran envergadura, el fallido atentado al aeropuerto Gabriela Mistral y el fatídico ataque al patio de comida del Costanera Center en Santiago.

Todo como un acto de venganza por las acciones redactadas en la nueva Constitución del 2026 en las cuales el aporte fiscal a sus arcas disminuía considerablemente para ser destinado a las mejoras en la educación y salud por las que tanto se había luchado.

Helga, al terminar de leer, tomó el papel y lo dobló en cuatro. Abrió su cartera y lo guardó. Acomodó sus lentes mirando al frente, “está mirando la estatua” —pensó Ronald. Helga tomó un sorbo largo de su latte.

—¡Esto es muy importante Ronald, esto puede significar…, Santo Dios!

—Lo sé Helga, por eso recurrí a ti, eres la única persona en quien confío, a mí no me iban a creer, menos con mis antecedentes.

—¿Esto también te lo dio El Observador?

—Sí, pero luego me dijo que debía desaparecer, que lo vigilaban, que quizás no lo volvería a ver.

—Entiendo—respondió cabizbaja —¡Joven, la cuenta por favor!

—Ni se te ocurra Helga, yo te invité.

—Me vas a acompañar donde el fiscal, Ronald—dijo Helga tomándolo del brazo.

Caminaron juntos bordeando la entrada a la estación Dignidad.  Un joven de aspecto universitario sentado en la cornisa de la entrada a la estación capturaba animales ficticios con una neuroaplicación basada en un antiguo juego electrónico.  Un vendedor ambulante de agua llamó la atención de Ronald.

—Tengo un Biscooter a unas cuadras, es más seguro —dijo Helga sin soltarlo del brazo y apurando el paso, Ronald parecía estresarse. Un extraño vahído lo tomó por sorpresa.

—Está bien, pero ……, me siento mal…Hel…ga…

—Tranquilo, es una dosis pequeña, te puse un hemoware en la muñeca, un pequeño somnífero que te dormirá por unas horas, cuando despiertes seguramente estarás a salvo en algún lugar que el Ejercito estime conveniente.

—¿Por qué Hel…ga….?

—Porque es lo que Septiembre Patriótico ordena. ¿O te creíste esa pantalla del nombre en latín? “Patriam Ordo et Securitas”, ¡por favor!

Mientras el teniente García se desvanecía el joven universitario que esperaba sentado en la cornisa de la estación y el vendedor ambulante de agua lo tomaron de ambos brazos, una furgoneta de Lavandería se detenía en la esquina y abría sus puertas, Helga, y los hombres cargando a García subieron al furgón.

—¿Tienes el documento? —preguntó desde el asiento del copiloto una ronca y carrasposa voz.

—Sí, general, tenemos todo—contestó Helga esbozando una sonrisa.

—Bien, agente Gensmüller, el Supremo Director sabrá de su buen cometido y la tendrá presente al momento de dar forma a la Nueva Republica

—Gracias General—respondió Helga bajando la mirada.

—¿Que haremos con él? —preguntó el joven universitario.

—No sé—respondió desde el asiento del copiloto el general

—Gensmüller ¿qué quieres hacer tú?

—Lo mismo que hicieron con el Observador, no lo dejen volver a observar.

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33 Comentarios. Dejar nuevo

  • Jacqueline Rodríguez
    19 abril, 2021 11:29 am

    Como siempre Ramiro nos trae estos relatos bien hilvanados, entretenidos. Felicidades

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  • No es por nada… Pero la plaza no ha cambiado su nombre. Lo que me pasa con ese relato es que subcociente lo tacha. Pues no soporto lo que se ha hecho allí en nombre de revolución.
    Ese lugar, Plaza Baquedano nos dividió y nos mantiene fragmentados.

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  • Cautivante, reflexivo, esperanzador y preocupante a la vez, una metáfora cíclica de nuestra América. Felicitaciones Ramiro.

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  • Myriam Weinstein
    19 abril, 2021 1:09 pm

    Exelente cuento. Mezcla la ficción con la realidad en un futuro. Mantiene la atención durante toda la lectura con un final inesperado

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  • Alejandro Hispa
    19 abril, 2021 3:46 pm

    Intento de cuento futurista, basado en una imaginación un tanto delirante.

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    • Jean Baptiste "Mad Dog" Duhamel
      19 abril, 2021 8:53 pm

      Me parece mas delirante aferrarse a fantasmas prusianos de medallas bonitas en lugar de abrirse a tener una calidad de vida mas digna, mejor salud, educación para todos, etc. En vez de llenarse la boca hablando de «Patria» mientras el país es «Sodomizado» por privados extranjeros que usan nuestros recursos naturales a destajo, y por supuesto en vez de ayudar a ricachones a ser mas ricachones. Para que hablar de ejércitos cuyo mayor logro bélico es dispararle a civiles y a una «resistencia» con un par de palos y pistolas rusas del año de la corneta. Eso mas que delirante, es algo totalmente digno de completos Orates.

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  • Interesante y creativo relato, muy bueno Ramiro, felicitaciones!!

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  • Angélica Muñoz Marchant
    19 abril, 2021 5:30 pm

    Estoy impresionada por el cuento que acabo de leer y quiero relacionar la temática de esta historia con el contenido de una entrevista del programa nuevo de la REd: » políticamente incorrecto » donde se parodia a un General de ejercito. Definitivamente, el ejercito tiene una cultura de abusos primero contra el pueblo ocultando información de sus robos a través de los gastos reservados como se describe tan bien en el relato y segundo, contra los sub alternos que sabían del enriquecimiento de los generales por el tráfico de armas y drogas y que además, eran obligados a depositar estos dineros mal habidos en sus cuentas personales, uno de esos sub alternos fue mi hermano y fue asesinado por ellos en dependencias de Famae en el año 83 y su muerte no tuvo justicia. Por una extraña razón, hoy a pesar de tantos años de su muerte, he leído esta historia y además, me he enterado de la parodia del programa de TV y no he podido dejar de pensar en lo injusto de su muerte y en la impunidad del Ejercito de Chile.

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  • Paula Letelier
    19 abril, 2021 5:43 pm

    Que bueno el relato me mantuvo interesada todo el rato y muy inesperada la traicion de la vieja amiga, o tal vez no tan inesperada

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  • Carlos Poveda
    19 abril, 2021 8:17 pm

    Buen relato Ramiro. Hartas novedades para el futuro. Lo que no cambia es la traición. Viene de cuando Caín mató a Abel. O Adán como aseguró Piñera?

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  • ME PARECIO DE LO PEOR!!!!
    Dejar la historia en suspenso, debes terminarla. Se merece un libro. mantiene interes en la lectura, buen giro .
    En este curso ahi promesas de «alumnos»

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  • Gabriel Rojas Iglesias
    19 abril, 2021 9:40 pm

    Atractivo tu cuento Ramiro. Una ficción futurista con mucho de lo actual. Entretiene y mantiene la atención. Dan ganas que continúe. Hubiese deseado leer comentarios relacionados con tu historia y
    no asistir a una sesión de catarsis

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  • Despliegue de imaginacion . Como novela de historia, futurista, idealista y entretenida.
    Aunque no son mis ideales, felicito al autor por su creatividad!

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  • Gracias Ramiro por esta ficción! Siempre hay miradas diferentes, todo depende desde que sector se mira… Algo transversal si son los derechos y la búsqueda de la dignidad para todos. Que estimulador fue leer a Ronald García soñando cambiar a la institucion policial por una que realmente protege los valores éticos universales.. Pienso para que molestarse en enseñar valores a los pequeños si luego creces y resulta que todo era una mentira para manipular a las masas o todos nos distorsionamos. En esto consiste la vida? En despertar de la programación inicial y Re- programarnos conviertendonos en monstruos? (algo que da vueltas mucho últimamente dentro).
    Volviendo al relato, creo que Helga recibirá lo que merece tarde o temprano.. Ojala que su sueño de cadete no halla muerto del todo y salve a Ronald. Podrías hacer que se suicide en unos años cuando se de cuenta que «septiembre patriótico» tmb la traicionara (sugerencia).
    Sobre Alessandri, me gustaría ver que sucesor lograría dar con el calce de los zapatos de Arturo (ojala que un ilegítimo, la lucha siempre viene desde abajo) y difícil lo veo, pues cuando se hereda la riqueza del padre, no se vuelven a repetir los factores que lo hicieron grande o la urgencia… Pero si puede ser que un sucesor heredé la locura para replicar la lucha.
    Si, yo tmb sueño con que un día desaparezcan todas las estatuas militares y políticas y alcen en su lugar personajes o abstracciones que nos recuerden valores inquebrantables. Sabemos que la gente es imperfecta y si se busca algo siempre se encuentra, para que alzar sujetos con techo de paja.
    En esta sociedad de las mascaras, la verdad es incomoda y la mentira viste como ella. Bastante se sufre teniendo que adaptarse a la información cruzada.
    Quisiera que continuaras este relato, invitas a aprender, gracias.

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  • janobeltran_26
    20 abril, 2021 10:16 am

    Buen relato futurista , repleto de antecendetes que sin duda agradarán a los despiertos idealistas , podría transformarce en una seríe facilmente muy vista por los chilenos , aplausos para el autor sin duda un crack .

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  • Felicitaciones Ramiro. Un cuento cautivante de principio a fin, tomas elementos reales del presente y los proyectas en un escenario futuro. Muy ingenioso. Con un final sorpresivo y abierto. Creo que podían hacérsele algunos recortes que motivarían la deducción del lector. ¡
    Muy buen cuento!

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  • Susana Buffelli
    20 abril, 2021 11:41 am

    Buen relato.Adhiero los comentarios anteriores. Lo leeré de nuevo ya que la trama me resultó difícil de comprender en su totalidad.
    Final sorpresivo.👍

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  • Marisol Araya
    20 abril, 2021 3:21 pm

    Muy buen relato capturó mi atención hasta el último momento.

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  • Veo que causó algunas polémicas el tema, pero lo que comentamos es la trama y me cautivó, de manera que hubiera deseado continuar leyendo y saber finalmente cómo terminó Ronald

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  • las feministas y los nazis aliados

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  • Jorge Fernández
    20 abril, 2021 6:10 pm

    Excelente relato, Ramiro. Sin duda es tu veta (conspiraciones, historias futuristas, acción, balas, muertos, con toques políticos). Como un escritor dijo por ahí «Toda historia inventada, tiene algo de verdad». En ese contexto, la trama de tu relato es genial, combinas muy bien ideas alocadas (que perfectamente pueden llegar a producirse en este Chile incierto), con la realidad. Felicitaciones!!!

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  • Susana Inés Vega
    20 abril, 2021 7:15 pm

    Un cuento genial ,esa mezcla de realidad y fantasía futurista hace que se te apreten las entrañas al recordar situaciones de hechos pasados… hechos genialmente entrelazados con la ficción del relato y que mantienen la atención del lector de principio a fin.
    Concuerdo con opiniones anteriores, Ramiro, que dejas al lector con ganas de saber más, como si hubiésemos leído el primer capítulo de una novela!
    ¡Felicitaciones!

    Responder
  • luis vergara
    20 abril, 2021 8:20 pm

    Excelente cuento, la realidad con la ficción, mantiene lectura con final no muy esperanzador.

    Responder
  • Muy buen relato de ciencia ficción atragante y entretenido hasta el final que es bastante inesperado

    Responder
  • Buen cuento,te mantiene expectante hasta el final!( Aunque fue sorpresivo )
    Felicidades!

    Responder
  • Sandra Favaron
    21 abril, 2021 12:09 am

    Un relato agily . dinamico A medida que lo leia, era muy facil ir imaginando las escenas con los diferentes acontecimientos que se narran en esta obra
    Me paso que me dio una pena infinita pensar que en el futuro nada cambia y las historias se repiten una y otra vez haciendonos ver que el mundo o nuestro pais es como un callejon si salida.
    Me angustio el final, senti desazon

    Responder
  • Pamela Astudillo
    21 abril, 2021 5:18 am

    Felicitaciones! Segundo relato que leo de estos talleres. Otro fue de un coleccionista que tenía una cabeza jibarizada.

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  • Ramiro, me gusta tu estilo «controversial» pero no porque le des urticaria a x grupo de personas sino porque no dejas que la verdad o la verdad de los grupos de interpongan en contar una buena historia. Tienes clara esa regla y eso te hace libre.
    Por el texto en si, no sé el tecnicismo pero así como stranger thing apela a la nostalgia pop de los 80, tu apelas a la añoranza o pesadilla a un futuro, que no deja de ser ficción. En lo personal, el final me pareció predecible (quizás en lo intuitivo, porque a pesar de que me gustó el personaje de Helga, sus motivaciones de ascender a un puesto me causaron decepción), también siento que se peca un poco en el exceso de añoranza o pesadilla (así como de nostalgia con stranger things), que no le dan mucho aporte al nudo de la trama, y hacen que te sobreexpliques en generar el contexto en donde ocurre la historia, muchas me ví diciendo jajaja qué bkn pero el cuento da más que para esos simples guiños… Eso podría decirte, saludos y no le hagas caso a comentarios que vienen más de las visceras que de la reflexión.

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  • Me encantan los cuentos al reves, donde los papeles esperados se cambian. Pero armar un cuento con esto es «otro cuento». Bien narrado.

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  • Abelardo León
    28 abril, 2021 12:39 pm

    Me parece un buen relato. Es creativo y agradezco que sea «delirante». Lo que me parece más interesante en este cuento es que tienes suficientes ideas para realizar un cuento largo o una novela corta. Ramiro, si te extendieras un poco más no sería necesario recurrir a los dos o tres párrafos de explicación de la trama, y por otra parte, podrías mejorar los motivos de cada personaje en torno al objeto de deseo del protagonista. ¡Felicitaciones y a escribir esa novela!

    Responder
  • Bueno Ramiro , entretenido . Se nota investigación y creatividad. El final un poco abrupto, y deja truncas varias situaciones .

    Responder
  • Es entretenido, tiene acción y está muy bien redactado. El autor nos lleva a un futuro casi » posible» nadie puede preveer que sucederá en este país en unos 12 años más…

    Responder
  • Betzabe Ramirez Ferreira
    6 mayo, 2021 11:03 am

    Buenisimo !, me encato soñar con estados federales…La plaza de la dignidad y su nueva imagen..genial…Un relato futurista bien real, la eterna traicion a la patria por uno u otro lado politico…

    Responder

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